08.12
Como he dicho en un post pasado, el color es sólo una frecuencia interpretada por nuestro cerebro. De manera que si de algún modo pudiéramos cambiar en nuestro cerebro la frecuencia vibratoria a la cuál podemos acceder no tendríamos que utilizar nuestras manos para pintar algo de, por ejemplo, color azul, sino que al sintonizar en nuestro cerebro dicha frecuencia, podríamos “inyectarla” o “sintonizarla” directamente en nuestro cerebro y las cosas cambiarían automáticamente sin necesidad de siquiera mover un dedo.
El único problema es que no podemos cambiar el tipo de frecuencia que interpreta nuestro cerebro… ¿o sí? Si nuestro cerebro es un órgano que nos pertenece y sobre el cuál tenemos control pero no consciencia de cómo controlarlo, entonces ¿Qué es lo que debemos hacer? Cobrar consciencia de las capacidades que puede ofrecernos nuestra capacidad de sintonía de frecuencias. Y ¿cómo se hace eso? Está dicho que la meditación es la herramienta mayormente usada para incrementar la consciencia y que nos lleva a capacidades como los tan populares aunque poco conocidos en profundidad, monjes shaolín, quienes pueden soportar la fuerza de 10 hombres tirando de una cuerda y ellos quietos y relajados como faros de acero. Esto es por lo cual cada ángel tiene un color, es debido a que cada uno de ellos trabaja en una frecuencia determinada y si juntamos el color del ángel que queremos en un solo lugar es más posible que dicho ángel pueda estar con nosotros. El color azul es el color del arcángel Miguel.

















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